miércoles, 28 de noviembre de 2012

Caldo en pastillas. Cosas a tener en cuenta.

 Llevo algún tiempo dándole vueltas a este tema, ya que es algo que en realidad me preocupa.
 Cuando voy al supermercado y compro pastillas de caldo de cualquier tipo, me gusta mirar los ingredientes que llevan, y me llama muchísimo la atención la gran cantidad de sal que llevan estos productos. Tristemente la economía nos está empujando a comprar cada vez más marcas blancas, y si miramos en los componentes de este tipo de productos vemos que en una gran cantidad de caldos en pastillas de marca blanca tienen una cantidad de sal superior al cincuenta por ciento del total mientras que los ingredientes principales de los que están "hechas" las pastillas (carne, pescado, verduras...) apenas es del cinco o seis por ciento y en el caso de los caldos de carne en realidad lo que llevan es grasa.
 Es cierto que la sal es un gran potenciador del sabor y que un par de pastillas son una buena opción para preparar una sopa rápida o resaltan el sabor de un guiso en un momento puntual, pero debemos tener muy en cuenta las consecuencias del consumo excesivo de este tipo de productos, ya que podría darse el caso de que estemos usando la sal de manera prudente en nuestra cocina y al añadir una pastilla estemos aumentando la ingesta de sal de manera brutal.
 ¿Cuál podría ser la solución? Preparar nuestro propio caldo. Cuesta poco llenar una cacerola o una olla de agua, añadirle algunas verduras, unos huesos o despojos de carne o pescado y preparar una gran cantidad de caldo casero que podremos congelar y utilizar cuando queramos. Y así controlaremos lo que comemos, que es lo más aconsejable.
Caldo de pollo

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